viernes, 30 de junio de 2017

jueves, 29 de junio de 2017

Dº JOSÉ, OBISPO DE HUELVA, ADMINISTRARÁ EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN EN LA PARROQUIA NTRA. SRA. DE LOS DOLORES DE HUELVA


Foto: Obispo de Huelva, José Vilaplana Blasco

El próximo domingo, día 2 de julio, a las 12,00 h, en la parroquia de Ntra. Sra. De los Dolores, un grupo de adolescente y jóvenes recibirán el sacramento de la Confirmación de manos de nuestro Obispo, José Vilaplana Blasco.
Pidamos al Señor que los confirmandos sientan el sacramento de la Confirmación como una oportunidad de acercarse a su fe, a su Iglesia en la que fueron bautizados, a su Dios que envío a su Hijo para su salvación. Una oportunidad para revitalizar el compromiso de ser discípulo y testigo de Jesús, su opción por el evangelio. 
Que nuestra oración personal y comunitaria de estos días tenga como intención principal estos jóvenes y adolescentes que desean recibir en plenitud al Espíritu Santo.

viernes, 16 de junio de 2017

PEREGRINACIÓN DE LA PARROQUIA DE LOS DOLORES AL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA CINTA



El viernes 16 de junio, con un calor sofocante, a las 19,00 h, la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, peregrinó al santuario de la Virgen de la Cinta en el XXV aniversario de la Coronación Canónica. 
Con esta efeméride todos los grupos parroquiales nos unimos en una plegaria común y celebraremos la Eucaristía en torno a nuestra Madre y Patrona.
Iniciamos esta celebración en el patio del santuario, donde el párroco nos dio la bienvenida y agradeció la presencia de fieles en una tarde tan calurosa. 
Seguidamente se nos ofrecieron unas palabras introductorias al acto en las que se nos recordaba que: “como comunidad parroquial de Nuestra Señora de los Dolores, aclamamos al Señor, porque creemos en Él, porque queremos seguirle, en el camino de la fe, imitando el modelo que nos presenta la Virgen María. Ella, es invocada por marineros y viajantes como luz que guía sus caminos, especialmente en los momentos de dificultad, también nosotros la aclamamos como faro de nuestro caminar”
A continuación, en procesión, pasamos al santuario por la puerta  jubilar y comenzamos la celebración de la Eucaristía que fue participativa y sencilla.
En la homilía, Santi, como párroco, pidió, a la Virgen María de la Cinta, la unidad de todos los que formamos la parroquia de los Dolores, que todos estemos unidos formando un solo cuerpo que tiene como única cabeza a Cristo. Se nos invitó a que siempre miremos más lo que nos une que lo que nos separa, y así demos gracias a Dios por la diversidad de carismas pero teniendo en cuenta que el amor entre nosotros será el ceñidor de la unidad.
Al finalizar la Eucaristía, el secretario y el presidente de la gestora de la hermandad de la Virgen de la Cinta, obsequiaron a la parroquia y a la hermandad de la Sagrada lanzada, con un pergamino conmemorativo de este día y de nuestra peregrinación al santuario de la Virgen de la Cinta. 
Recogieron este obsequio Mª Dolores por parte de la Parroquia, al ser ella una persona que visita, cuida y está muy atenta a los enfermos de la barriada y Juan Romero, por parte de la hermandad, al ser el Hermano Mayor de la misma.
La peregrinación terminó con el canto de la Salve, la bendición y un deseo: “Que nuestra presencia en el Santuario de la Virgen de la Cinta, nos ilumine y ayude para ser, en nuestra sociedad y mundo, testigos del amor de Dios”
OTRAS FOTOS DE LA PEREGRINACIÓN




lunes, 12 de junio de 2017

ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS POR LA EUCARISTÍA



Gracias Señor, porque en la Última Cena partiste tu pan y vino en infinitos trozos, para saciar nuestra hambre y nuestra sed... 
Gracias Señor, porque en el pan y el vino nos entregas tu vida y nos llenas de tu presencia. 
Gracias Señor, porque nos amaste hasta el final, hasta el extremo que se puede amar: dar la vida por otro.
Gracias Señor, porque quisiste celebrar tu entrega, en torno a una mesa con tus amigos, para que fuesen una comunidad de amor. 
Gracias Señor, porque en la Eucaristía nos haces UNO contigo, nos unes a tu vida, en la medida en que estamos dispuestos a entregar la nuestra... 
Gracias, Señor, porque todo el día puede ser una preparación para celebrar y compartir la eucaristía... 
Gracias, Señor, porque todos los días puedo volver a empezar, y continuar mi camino de fraternidad con mis hermanos, y mi camino de transformación en ti.

domingo, 11 de junio de 2017

SENTIDO DEL CORPUS CRISTI



La celebración de este próximo domingo, es conocida como la festividad del Cuerpo y Sangre de Cristo. Jesús, el Señor, muerto y resucitado, para darnos vida, se hace presente en medio de nosotros cada vez que nos reunimos para repetir aquel gesto que Él nos dejó la noche de su entrega, en la “Última Cena”. 
En el pan y el vino de la Eucaristía Él se nos ofrece y se da como alimento, para que vivamos siempre unidos a Él, y así, aprendamos a amar como Él nos ha amado. 
Por eso hoy es también el día de la caridad, porque el amor de Jesús para con nosotros debemos testimoniarlo en el amor a los hermanos, especialmente los más débiles y necesitados de la tierra. 
Eucaristía y Caridad van de la mano, son dos palabras y dos realidades que están íntimamente unidas y que no se pueden separar. Debemos tener claro qué es lo que entendemos por caridad, ya que resumir caridad a dar un dinero en un determinado momento y ante una necesidad concreta no sea captar el sentido amplio de la expresión caridad. Más bien en nuestro barrio podríamos traducir caridad como alegrarnos del bien ajeno y sufrir con el dolor del prójimo como si fuera el propio.

miércoles, 31 de mayo de 2017

LAS SIETE TENTACIONES DEL CONSAGRADO, SEGÚN EL PAPA FRANCISCO



Siete son las tentaciones de toda persona consagrada: las enumeró el Papa Francisco en un breve pero emotivo encuentro con los religiosos y sacerdotes católicos de Egipto, poco antes de partir de vuelta a Roma. Son estas:

1. La tentación de dejarse arrastrar y no guiar.
El Buen Pastor tiene el deber de guiar a su grey (cf. Jn 10,3-4), de conducirla hacia verdes prados y a las fuentes de agua (cf. Sal 23). No puede dejarse arrastrar por la desilusión y el pesimismo: «Pero, ¿qué puedo hacer yo?».
Está siempre lleno de iniciativas y creatividad, como una fuente que sigue brotando incluso cuando está seca. Sabe dar siempre una caricia de consuelo, aun cuando su corazón está roto. Saber ser padre cuando los hijos lo tratan con gratitud, pero sobre todo cuando no son agradecidos (cf. Lc 15,11-32). Nuestra fidelidad al Señor no puede depender nunca de la gratitud humana: «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4.6.18).

2. La tentación de quejarse continuamente. 
Es fácil culpar siempre a los demás: por las carencias de los superiores, las condiciones eclesiásticas o sociales, por las pocas posibilidades. Sin embargo, el consagrado es aquel que con la unción del Espíritu transforma cada obstáculo en una oportunidad, y no cada dificultad en una excusa.
Quien anda siempre quejándose en realidad no quiere trabajar. Por eso el Señor, dirigiéndose a los pastores, dice: «fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes» (Hb 12,12; cf. Is 35,3).

3. La tentación de la murmuración y de la envidia.
Y esta es mala, ¿eh? El peligro es grave cuando el consagrado, en lugar de ayudar a los pequeños a crecer y de regocijarse con el éxito de sus hermanos y hermanas, se deja dominar por la envidia y se convierte en uno que hiere a los demás con la murmuración. Cuando, en lugar de esforzarse en crecer, se pone a destruir a los que están creciendo, y cuando en lugar de seguir los buenos ejemplos, los juzga y les quita su valor.
La envidia es un cáncer que destruye en poco tiempo cualquier organismo: «Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir» (Mc 3,24-25). De hecho, no lo olviden, «por envidia del diablo entró la muerte en el mundo» (Sb 2,24). Y la murmuración es su instrumento y su arma.

4. La tentación de compararse con los demás.
La riqueza se encuentra en la diversidad y en la unicidad de cada uno de nosotros. Compararnos con los que están mejor nos lleva con frecuencia a caer en el resentimiento, compararnos con los que están peor, nos lleva, a menudo, a caer en la soberbia y en la pereza.
Quien tiende siempre a compararse con los demás termina paralizado. Aprendamos de los santos Pedro y Pablo a vivir la diversidad de caracteres, carismas y opiniones en la escucha y docilidad al Espíritu Santo.

5. La tentación del «faraonismo», es decir, de endurecer el corazón y cerrarlo al Señor y a los demás.
Es la tentación de sentirse por encima de los demás y de someterlos por vanagloria, de tener la presunción de dejarse servir en lugar de servir. Es una tentación común que aparece desde el comienzo entre los discípulos, los cuales —dice el Evangelio— «por el camino habían discutido quién era el más importante» (Mc 9,34).
El antídoto a este veneno es: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35).

6. La tentación del individualismo. 
Como dice el conocido dicho egipcio: «Yo, y después de mí, el diluvio». Es la tentación de los egoístas que por el camino pierden la meta y, en vez de pensar en los demás, piensan sólo en sí mismos, sin experimentar ningún tipo de vergüenza, más bien al contrario, se justifican. La Iglesia es la comunidad de los fieles, el cuerpo de Cristo, donde la salvación de un miembro está vinculada a la santidad de todos (cf. 1Co 12,12-27; Lumen gentium, 7). El individualista es, en cambio, motivo de escándalo y de conflicto.

7. La tentación del caminar sin rumbo y sin meta.
El consagrado pierde su identidad y acaba por no ser «ni carne ni pescado». Vive con el corazón dividido entre Dios y la mundanidad. Olvida su primer amor (cf. Ap 2,4). En realidad, el consagrado, si no tiene una clara y sólida identidad, camina sin rumbo y, en lugar de guiar a los demás, los dispersa. Vuestra identidad como hijos de la Iglesia es la de ser coptos —es decir, arraigados en vuestras nobles y antiguas raíces— y ser católicos —es decir, parte de la Iglesia una y universal—: como un árbol que cuanto más enraizado está en la tierra, más alto crece hacia el cielo.

Queridos consagrados, hacer frente a estas tentaciones no es fácil, pero es posible si estamos injertados en Jesús: «Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Cuanto más enraizados estemos en Cristo, más vivos y fecundos seremos. Así el consagrado conservará la maravilla, la pasión del primer encuentro, la atracción y la gratitud en su vida con Dios y en su misión.